Hace poco tiempo un joven monje de cierta cultura poco conocida y con fuertes influencias del budismo tuvo una pequeña visión en medio de un profundo trance, en el escuchaba un llamado de alguien a quien no conocía, una luz invadió su vista y lo lleno de miles de emociones nunca antes experimentadas, buscando explicar lo que sentía logro identificar una de las emociones, la más grande, el amor.
Días después logró recuperar la conciencia, y se encontró en un paraje desconocida, tratando de identificar el lugar observa un manzano con dulces frutos rojos. Acercándose al árbol para recoger su dulce alimento encuentra una manzana en el suelo, con dos mordidas dando la forma de corazón. Al observar nuevamente al árbol se da cuenta de que ya no posee sus frutos y el dirigir su atención al suelo se extraña enormemente al encontrar miles de manzanas en la misma condición que la anterior, al volver su atención al horizonte divisa un camino de manzanas, este obedeciendo a sus instintos sigue el sendero dulce llegando así a un monte.
El camino yacía rodeado de extraños objetos que no supo reconocer, el camino pasaba ser de manzanas a un camino de piedras en perfecto orden, llegando a la cima del monte divisa un tipo de templo pequeño y a un joven un poco mas adelante suyo que lucia una vestimenta oscura y rara a su parecer, este joven se da cuenta de su presencia y luego de ello ambos se acercan en busca de respuestas.
Sorprendente mente logran entablar comunicación (ya que no hablaban el mismo idioma), el joven de negro le cuenta que estaba en busca de la verdad, que su cultura vivía en el engaño y que le ha costado mucho llegar hasta donde esta ahora.
Ambos continuaron su camino hacia dicho templo cuando de pronto uno de sus habitantes se interpone en su camino, era una mujer de estatura promedia y bien dotada (no quería ponerlo pero era inevitable). Con una voz un poco violenta pregunta que estaban asiendo en dicho lugar y quienes era, el joven de negro le responde: "No soy más que un simple hombre que busca la verdad y por ello he llegado a este lugar".
Es así como la mujer se presenta ante esos mortales: "Mi nombre no les incumbe" y así procede a contar el origen de los dioses (que dejare para otra oportunidad), después de la larga charla el joven monje espía al interior del templo y divisa que todos los dioses estaban en pareja, y se da cuenta que la única que se encuentra sola es la diosa con la que hablan y por ello estaba afuera, entonces se le escapa una pequeña burla y la diosa enojada y con furia en su mirada decide echar a los extraños partiendo por el monje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario